Las Ciclovías recreativas: la recuperación de la ciudad a escala humana

Hace ya 30 años, en Bogotá, Colombia, comenzó por primera vez a desarrollarse una iniciativa que, con los años, se ha convertido en una verdadera fiesta ciudadana; en un evento que, sin exagerar, le ha cambiado la cara a la capital colombiana, al menos, los días domingos.
Se trata de la Ciclovía recreativa, un verdadero megaevento que consiste en dejar libres de vehículos motorizados, cada mañana de domingo y festivo del año, entre las 7.00 y las 14.00 hrs, 124 kilómetros de las principales avenidas de esta capital latinoamericana que cuenta con más de 7 millones de habitantes.

El objetivo es, por 7 horas, transformar calles normalmente atestadas de automóviles en verdaderos parques lineales y circuitos que alberguen, acojan y atraigan a las personas, a las familias y a cientos de miles de habitantes que quieren disfrutar de la ciudad, recorrerla y pasearla en medios no motorizados de recreación y transporte, sin tener que competir con los autos ni tener que preocuparse por el ruido, el peligro y la contaminación que producen los automóviles.
Grupos de amigos, familias, niños, adultos mayores y la más amplia gama de ciudadanos de todos los estratos sociales, ya sea en bicicleta, a pie o en patines, aparecen por miles (en Bogotá, 500.000 cada jornada) al encontrar en estos verdaderos corredores que atraviesan la urbe (o, al menos, algunos de sus barrios), un lugar de tranquilidad, convivencia y vida cívica como no existe otro en la ciudad.

bogotáEsta iniciativa -en apariencia tan simple e inocente-, que consiste en devolverle las calles a las personas, se ha transformado en un fenómeno tan impresionante y con impactos tan positivos en la calidad de vida de los bogotanos, que se ha convertido en un evento que muchas otras ciudades han querido y, con esfuerzo y persistencia, han podido replicar con notable éxito.
Al menos 40 ciudades del continente están hoy desarrollando, a variadas escalas, este evento, el cual es organizado por distintos tipos de organizaciones, entes gubernamentales o asociaciones que han visto, en esta iniciativa, una forma de fomentar valores y estilos de vida saludables en sus respectivas ciudades.

La mayoría de estas organizaciones, ante el deseo de que otras ciudades puedan disfrutar de este magnífico evento, se han unido en una Red que pretende, entre otras cosas, ser un ente asesor para que esta iniciativa se expanda en el continente (www.cicloviasunidas.org)
Este anhelo y deseo de ayudar a replicar la Ciclovía recreativa se explica porque en prácticamente todas las ciudades donde se ha tomado la decisión política de desarrollar esta actividad, ha quedado patentemente claro que se trata de una iniciativa muy ingeniosa, masiva y tremendamente eficaz y efectiva en la importante e inaplazable tarea de contrarrestar la falta de áreas verdes y de espacios para el encuentro y la sociabilidad que hoy experimentan la mayoría de las ciudades latinoamericanas.

Es por esta razón que, por ejemplo, Guadalajara destina a todo lo no motorizado 33 kilómetros de sus principales avenidas entre las 8.00 y las 14.00 hrs de cada domingo del año y reúne por jornada en su cierre de calles denominado Viarecreactiva, a nada menos que 100.000 personas; Quito, domingo por medio, también destina su principal arteria, en una extensión de 25 kilómetros, para las personas y las familias en general. Medellín, Chihuahua, Río de Janeiro y muchas otras ciudades latinoamericanas se cuentan también entre aquellas que cierran kilómetros de calles cada domingo para que las aprovechen sus habitantes.

Y no sólo eso. Recientemente ciudades estadounidenses como El Paso, Pórtland e incluso Nueva York, han desarrollado iniciativas de esta naturaleza, con enorme éxito, gran concurrencia y general júbilo por parte de sus miles de participantes.

En el caso de Chile, la historia comienza en el año 2002, cuando un grupo de personas, maravillados al conocer esta experiencia en Bogotá y Medellín, comenzamos a realizar gestiones para involucrar instituciones que nos apoyaran, monetariamente, para cristalizar este evento en la ciudad de Santiago.

Esto último, porque una Ciclovía recreativa requiere, para su implementación, de elementos de seguridad, de señalización y de comunicación, así como servicios de transporte y bodegaje, además de un grupo de personas (monitores) en terreno que, durante cada jornada de cierre de calles, se preocupe de armar el circuito y atender a los miles de usuarios que puede tener el evento cada domingo.

En el caso de Santiago, luego de más de tres años de gestiones, éstas rindieron frutos y finalmente, en enero de 2006, pudimos concretar en Chile la primera experiencia de este tipo que realmente pudiese considerarse una Ciclovía recreativa por su extensión (6,5 kilómetros) y duración (ha funcionado por más de 130 jornadas consecutivas).
Aunque llevar a cabo este evento implica que más de 20 personas madruguemos a las 5.45 hrs. cada domingo, el esfuerzo vale sobradamente la pena.

La Ciclovía recreativa de Santiago, que en Chile hemos denominado CicloRecreoVía, constituye un orgullo y una satisfacción enorme para todos los que trabajamos en esta actividad.
Poder, cada domingo, entre 9.00 y 14.00 hrs, devolverle las calles a las personas y recuperar este tradicional espacio de juego de los niños, es algo realmente impagable y que llega a emocionar.
Calles normalmente agresivas –gracias a un parque vehicular que crece en 250.000 unidades al año-, peligrosas y ruidosas, donde una simple conversación es casi imposible de sostener; donde impera la competencia y la lucha por el espacio; donde los peatones son una especie en extinción y donde la vida de barrio se encuentran en franca decadencia producto de la negativa y desastrosa presencia e influencia del automóvil, se convierten, en un abrir y cerrar de ojos, en un inigualable espacio de recreación e interacción social.

La CicloRecreoVía, al liberar de autos aunque sea mínimas zonas y arterias de la ciudad y no obstante generar esta situación sólo durante unas pocas horas a la semana, tiene el mérito el darnos la maravillosa y rara oportunidad de experimentar una ciudad diferente; de poder vivir una ciudad a escala humana y, principalmente, de demostrarnos que la ciudad a la que aspiramos, esa donde los niños pueden jugar en la calle y donde hay tiempo para conversar y convivir, está a la vuelta de la esquina.

El devolver las calles a las personas y el experimentar ambientes a escala humana, en definitiva, nos ha devuelto la esperanza y la fe, aquí en Santiago y en todas las ciudades donde la CicloRecreoVía es una realidad, de que otra ciudad es posible y nos ha demostrado que la ciudad que queremos y anhelamos no la encontraremos ni alcanzaremos siguiendo el modelo actual de ciudad que estamos adoptando en nuestro continente, donde el automóvil está primero que las personas y no al revés, como debería ser.

Gonzalo Stierling Aguayo
Director
CicloRecreoVía
Santiago de Chile

Comentarios

2 Comentarios en “Las Ciclovías recreativas: la recuperación de la ciudad a escala humana”

  1. [...] en humanizar la ciudad genera votos. No es casual que una ruta recreativa similar a la del domingo, pero celebrada en Bogotá hace 30 años, arrancara una profunda transformación que hoy incluye 344 kilometros de ciclopistas y 84 [...]

  2. [...] en humanizar la ciudad genera votos. No es casual que una ruta recreativa similar a la del domingo, pero celebrada en Bogotá hace 30 años, arrancara una profunda transformación que hoy incluye 344 kilometros de ciclopistas y 84 [...]

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